La historia
CHEF PASTELERO
Edwin Garpa
Nacido en Guacara, Venezuela, Edwin Garpa descubrió en la pastelería una forma de expresión que terminaría convirtiéndose en su profesión y en una parte esencial de su identidad. Durante más de una década, su curiosidad lo ha llevado a aprender, experimentar y desarrollar una mirada propia sobre el oficio. Hoy, desde Madrid, es chef pastelero y cofundador de Maison Brûlée, una galería de arte comestible donde la técnica y la creatividad se encuentran.
Todo empezó en Venezuela
Edwin Garpa nació en una familia donde la creatividad siempre estuvo presente. Pero cuando Edwin habla de arte, hay una persona a la que reconoce especialmente: su madre. No porque se dedicara profesionalmente a una disciplina artística, sino por la manera en la que formó a sus hijos.
Edwin siempre ha considerado que su madre fue una artista en su forma de criar, de enseñar y de transmitir valores. De ella aprendió dos principios que lo acompañarían durante toda su vida: trabajar sin pereza y hacer las cosas bien.
Hace aproximadamente quince años, comenzó a estudiar pastelería artesanal en Venezuela. No tenía los recursos para recorrer ese camino sin dificultades, así que encontró la manera de sostener sus propios estudios. Trabajaba para pagar su formación y con lo que aprendía en cada clase, elaboraba productos que después vendía para reunir el dinero del siguiente semestre.
Aprendía para poder trabajar. Y trabajaba para poder seguir aprendiendo.
Mucho antes de desarrollar las obras que hoy caracterizan a Maison Brûlée, Edwin ya había descubierto algo que terminaría definiendo su vida: que la pastelería podía ser mucho más que un oficio. También podía convertirse en una forma de abrirse camino.Y aunque todavía no lo sabía, aquella determinación lo llevaría mucho más lejos de su ciudad natal.
Un oficio sin fronteras
Su formación en Venezuela fue el comienzo de una trayectoria que lo llevaría a construir una vida lejos de casa. Después de sufrir un robo, Edwin tomó una decisión que cambiaría su futuro: marcharse de Venezuela. Dejó atrás su ciudad, su familia y todo aquello que conocía, llevando consigo lo que había aprendido y la determinación de seguir creciendo profesionalmente.
Llegó a Panamá con apenas 500 dólares. No era un comienzo sencillo. Estaba en otro país, lejos de su madre y de su entorno, con recursos limitados. Pero tenía un oficio. La pastelería, que años atrás le había permitido pagar sus estudios, se convirtió también en la herramienta con la que comenzó a abrirse camino fuera de Venezuela.
En Panamá desarrolló una etapa importante de su carrera profesional, después de recorrer restaurantes puerta a puerta entregando más de 50 currículums en busca de una oportunidad, logró abrirse camino hasta asumir responsabilidades como chef ejecutivo de pastelería en uno de los grupos de restauración más destacados del país.Su recorrido continuó en México, donde participó en proyectos gastronómicos y asesoró a diferentes restaurantes, ampliando su experiencia y descubriendo nuevas formas de trabajar, crear y entender la gastronomía.
Cada país le enseñó algo diferente. No solo nuevas técnicas o maneras de interpretar los sabores, sino también a adaptarse, comenzar desde cero y encontrar su lugar en entornos desconocidos. Con el tiempo, su experiencia internacional fue dando forma a una visión cada vez más personal de la pastelería. La precisión técnica seguía siendo fundamental, pero Edwin comenzó a interesarse especialmente por las posibilidades creativas del oficio: las formas, las texturas, el realismo y la capacidad de transformar un postre en algo inesperado.
A veces, comenzar de cero también es avanzar
En 2023, Edwin decide mudarse a Madrid. Y tan solo 3 meses después de su llegada se le presentó la oportunidad de emprender en uno de los capítulos más importantes de su carrera: construir su propio proyecto de pastelería.
Pero el camino no fue como lo había imaginado. Tras casi un año de esfuerzo, llegó un momento en el que la continuidad del negocio llegaba a su fin. Lo que había comenzado con ilusión se enfrentaba a una de sus etapas más difíciles. En medio de esa incertidumbre, su madre le dijo unas palabras que todavía forman parte de su historia:«Voy a orar por ti. Que Dios vaya adelante y tú detrás. Todo va a estar bien».
Apenas dos semanas después de aquella despedida con su madre, dos mujeres llegaron a la puerta del local donde estaba Edwin. Por aquel entonces, estaba en traspaso y él se preparaba para cerrar una etapa por la que había luchado durante meses.
Eran Andre y Cami, dos ingenieras colombianas con formación en marketing digital que también habían emprendido en el mundo de la gastronomía. Llegaron a aquel local en busca de un espacio para construir su propio proyecto, sin imaginar que ese encuentro terminaría cambiando el rumbo de los tres.
Lo que comenzó como una visita de un local en traspaso se convirtió en una oportunidad para unir creatividad, años experiencias en pastelería y conocimientos en storytelling, ingeniería de procesos, tecnología y marketing. Andre, Cami y Edwin decidieron comenzar de nuevo, esta vez juntos. Así dieron vida a Maison Brûlée, un proyecto construido desde tres miradas diferentes, unidas por una misma ambición: transformar la pastelería en una expresión de arte contemporáneo.
EL ARTE TAMBIÉN SE COME
La galería de arte comestible
Maison Brûlée nace de una idea: explorar la pastelería como una forma de expresión artística. En el corazón de Madrid, Edwin, Andre y Cami han dado vida a una galería de arte comestible donde cada postre se concibe como una obra. Un espacio en el que la creatividad, la técnica y la sensibilidad se encuentran para transformar ingredientes en formas, texturas, sabores inesperados e historias.
Su propuesta evoluciona a través de exposiciones de temporada, colecciones inspiradas en la naturaleza, las emociones y el universo que nos rodea. Cada una cuenta una historia diferente y representa una nueva oportunidad para experimentar. Detrás de cada creación hay un proceso artesanal que exige precisión, conocimiento y horas de trabajo. Desde el desarrollo de las recetas y el equilibrio de sabores hasta la construcción de cada forma y sus acabados, ningún detalle es casual.
La selección de ingredientes y la calidad de cada elaboración son tan importantes como su apariencia. Porque para Edwin, la verdadera complejidad no está únicamente en crear algo extraordinario a la vista, sino en conseguir que esa misma emoción continúe al probarlo.
Una galería donde el arte no solo se contempla. También se descubre a través del sabor.
Del obrador a MasterChef
En 2026, su recorrido lo llevó a las cocinas de MasterChef Celebrity Legends. Como chef pastelero invitado, presentó sus creaciones de pastelería realista y desafió a los aspirantes a reproducirlas durante una de las pruebas del programa. Una oportunidad para compartir su trabajo con una audiencia más amplia y acercar el arte comestible a nuevos públicos.
Para Edwin, este capítulo representa un nuevo escenario desde el que continuar mostrando aquello a lo que ha dedicado tantos años de su vida.
Y aunque la televisión representa un capítulo importante de su trayectoria, su historia continúa escribiéndose cada día en el obrador, entre nuevas ideas, pruebas, errores y creaciones que todavía están por descubrirse. Porque después de todo lo vivido, Edwin sigue haciendo lo mismo que comenzó a hacer muchos años atrás: aprender, crear y encontrar nuevas razones para continuar.
Y quizás esa sea la parte más bonita de la historia: que cuando se estaba llegando al final de un sueño, en realidad era un nuevo comienzo. Porque hay proyectos que encuentran su verdadera esencia cuando distintas historias, fortalezas y visiones se unen para construir algo que ninguno habría imaginado por separado.
Maison Brûlée
Calle del Molino de Viento, 2
Madrid, España
Recogidas: M-D 12:00-19:30 h
